Fui una creadora aventajada, y con tan solo 11 años me apunté a un curso de corte y confección para aprender todos los secretos de la costura, aquel maravilloso arte de crear cosas a partir de una tela, y que sin yo saberlo se convertiría en mi profesión, mi pasión y mi forma de vida.

Mientras estudiaba el bachillerato y después de terminarlo continué formándome en escuelas de diseño en diferentes ciudades como Madrid, Bilbao o Barcelona, siempre con la ilusión y el hambre de aprender nuevas técnicas que me ayudaran a convertirme en la diseñadora que quería llegar a ser.

Con tan solo 20 años trabajé para una marca de ropa confeccionando sobre todo prendas exteriores como chaquetas, tanto para hombre como para mujer y se puede decir que fue mi primer contacto con el mundo del diseño. Luego me establecí como freelance y en esa época tan fructífera hice todo tipo de trabajos para distintas empresas que tocaban desde ropa para niños hasta complementos. Esa experiencia me aportó un bagaje importantísimo para lo que luego sería el desarrollo de mi propia marca, algo que fue posible precisamente en esa época.

Bajo la marca Isabel Zapardiez comencé a desarrollar mis diseños Pret a Porter. Fue entonces cuando fui consciente del mundo tan complejo que es la moda y las exigencias personales que conlleva. Sin embargo aprendí mucho de este trabajo y poco a poco pude comprobar que era el diseño para novias lo que encajaba con mi parte creativa.

Para mi, que la moda es mucho más que vestir ropa,es una actitud ante la vida, el hecho de personalizar un traje para una cliente supone algo tan especial, tan intimo y tan cargado de sentimiento que no tiene comparación al hecho de diseñar un traje, un vestido o una chaqueta para el día a día.

Siempre me han gustado los materiales para la creación de trajes de novia, porque son muy exquisitos y especiales. Esto unido a la cantidad de apliques y detalles que se pueden utilizar en un vestido (como los que suelo ir comprando para utilizar en mis colecciones) hacen de las piezas algo mucho más personal y enriquecedor que la moda de calle. Estos apliques y piezas vintage suelo comprarlos en anticuarios de París, Londres y Nueva York, lugares en los que uno de pronto puede enamorarse de algo y hacer de ese “algo” una pieza fundamental de tu siguiente colección.

El traje de novia lleva detrás una historia completa, a una mujer con una personalidad determinada y con un físico que debe inspirarte para lo que finalmente será la pieza que llevará en uno de los días más importantes de su vida. Esta inspiración además puede venir de todo: de una canción, un libro, el momento de la vida en el que te encuentres cuando lo confecciones, un perfume o un paisaje.

A partir de ahí comienza todo el proceso de creación en el que se aúnan el esfuerzo personal y el de las 5 personas que trabajan conmigo: oficiales, rematadoras, asistente…etc. Y todo el esfuerzo merece tanto la pena que no me imaginaría mi vida haciendo otra cosa que no fuera crear esos trajes de novia.

Siempre en ese camino difícil que son los comienzos y en los triunfos que llegan después de mucho esfuerzo ha estado, están y estarán mi familia y mi equipo, que son mis joyas más preciadas.

Este es en resumen el inicio de mi carrera, aunque aún quedan miles de sueños que cumplir y como soy de la opinión de que nunca hay que rendirse ni pararse al llegar a las metas sino disfrutar en ese camino, seguiremos caminando.