Seguramente la mayor parte de vosotros sabe a lo que nos referimos cuando hablamos de ropa vintage. Es esa ropa antigua con al menos 30 años de antigüedad, unas veces con algún uso y otras veces sin utilizar, que por su confección y composición se ha mantenido en una muy buena calidad hasta el presente y ha merecido no solo una segunda oportunidad sino en muchos casos incluso una tercera o cuarta. Y no solo hablamos de ropa, sino de todo tipo de complementos, apliques, etc.

Hace tiempo calló en mis manos una obra que llamó mi atención desde el principio por su título “Una pasión vintage” de Isabel Wolff y más tarde entendí el por qué. Se trata de una novela plagada de emociones y de pasión por la moda entendida desde un punto de vista muy kármico, hablándonos no solo de prendas de ropa con historia, sino de prendas de ropa que poseen una increíble carga sentimental. En pocas palabras la autora quiere hacer entender al lector que al comprar una prenda vintage no solo se compra una prenda que perteneció a otra persona, sino que se adquiere parte de las vidas anteriores que loa vistieron y que con ella amaron, sufrieron o se divirtieron. De alguna forma las emociones quedan impregnadas en la tela y las recibe su nuevo usuario.

Me considero una amante de lo vintage y en los vestidos que confecciono suelo utilizar aplicaciones de este tipo compradas en París y Londres principalmente: pasamanerías, botones, tejidos bordados, etc. Así un vestido que puede parecer sencillo en sus líneas puede convertirse en una prenda única y excepcional al introducir en su confección un elemento no moderno que le impregna de un aire antiguo lleno de belleza.

Este año me han regalado un Balenciaga vintage y además de emocionada  estoy deseando tener una ocasión especial para vestirlo.

Saludos